Es algo que todos sabemos de algún modo pero que puede que nadie te haya explicado nunca. Si tu le dices a tu hijo antes de una carrera “te vas a caer, tu no vales para esto…”, ese niño se va a caer, no hay mas opciones porque le has hecho creer que es posible y hay algo que le empuja a cumplir la profecía.

Pero si en lugar de eso, a ese mismo niño le dices “¡corre, vuela, no te detengas!, y si te caes aquí estoy yo para levantarte”, ese niño jugará mejor y correrá mas rápido que si nunca le hubieras dicho nada.

Hay una responsabilidad ineludible en como hablamos y en como tratamos a los demás. Porque nuestras palabras tienen un poder mas grande de lo que nunca hubiéramos imaginado.

Cada día tienes la opción de cortar las alas de los demás hablando del miedo y de la incertidumbre, o puedes dejar que tus palabras les empujen a conseguir sus metas confiando en la capacidad infinita que hay dentro de todo ser humano.

Se conoce como Efecto Pigmalión, y funciona en cualquier momento de nuestras vidas.

Nuestra percepción de la realidad viene determinada por nuestras creencias, las cuales pueden definirse como los juicios y evaluaciones sobre nosotros mismos, los demás y sobre el mundo que nos rodea” (Robert Dilts). Las creencias se van formando a lo largo de nuestras experiencias vitales y a través de nuestra interacción familiar, social, educativa y laboral. A su vez, nuestras creencias influyen en gran medida en cómo interpretamos y reaccionamos ante las experiencias vitales.

Albert Ellis (1913-2007), psicoterapeuta fundador de la terapia racional emotiva conductual, subrayó que entre el hecho que acontece y la emoción experimentada media la real o irreal apreciación mental del mismo, siendo las propias creencias las que pueden crear ansiedad, tristeza o miedo o, por el contrario, alegría, entusiasmo y felicidad. Y la manera cómo nos sintamos va a influir en nuestra conducta, facilitando una conducta activa dirigida a afrontar la situación o una conducta pasiva de no hacer nada y esperar a que la situación acabe o cambie con el tiempo. Desde este punto de vista, las creencias hacen referencia al firme convencimiento de nuestro poder y valía personal para conseguir objetivos. Como dice la cita

…“Si crees que puedes, tienes razón. Si crees que no puedes, también tienes razón” (Henry Ford)

Tal y como sentenciara el fundador de la compañía Ford, las creencias suelen tener un efecto autocumplidor, dirigiendo nuestro comportamiento en la dirección esperada. De esta manera, si alguien cree que puede conseguir lo que se propone, se pondrá en acción, mientras que si está convencido de que no es posible lograrlo, lo más probable es que no haga nada. Este efecto autocumplidor se puso de manifiesto en un famoso experimento llevado a cabo en 1968 por los prestigiosos psicólogos Rosenthal y Jacobson. En este clásico experimento, se pasó un test de inteligencia a los alumnos de una escuela. Tras elegir a un grupo de alumnos al azar, a los profesores se les informó falsamente que se había comprobado que dicho grupo tenía un elevado cociente intelectual. Al finalizar el curso se volvió a repetir el test de inteligencia, comprobándose que aquellos alumnos sobre los que los profesores tenían mayores expectativas obtuvieron un mejor rendimiento académico y unas puntuaciones superiores a las de los demás alumnos de capacidades intelectuales similares. En entrevistas con los profesores, éstos habían descrito a estos alumnos como más capaces, más curiosos, con mayores oportunidades de alcanzar éxito en la vida, más adaptados y más afectuosos. Cuando describieron al resto de niños, las consideraciones fueron menos favorables que las que podrían esperarse según los resultados reales obtenidos en los tests. En conclusión, las creencias y expectativas que tuvieron sobre los alumnos influyeron en el desempeño real de los mismos. Por eso, el  Efecto Pigmalión demuestra la importancia de nuestras creencias en la determinación de nuestra conducta (y en la de los demás), dirigiéndola en la dirección que esperamos.

Así, nuestras creencias inciden de forma directa y contundente también en la realidad, ya que no nos permiten percibirla tal cual es, porque desde el momento que la observamos queda distorsionada por nuestros filtros mentales y creencias, y esto es finalmente lo que percibimos.

Éste es uno de los principales retos de un proceso terapéutico, conseguir que el paciente acepte que la forma en la que ve el mundo no deja de ser una más entre tantas, y que lo que le limita muchas veces no deja de ser una creencia que le acompaña desde hace muchos años, que cuando le resta un poco de autoridad o potencia otra, puede conseguir resultados inesperados y cambios maravillosos.

Dicho esto, os invito a cambiar las creencias limitantes por creencias potenciadoras, reprogramando vuestro sistema de creencias y apoyando estos cambios con la coherencia de la acción, actuando de manera distinta para conseguir resultados distintos.

En conclusión, las creencias tienen un gran poder para generar diferentes posibilidades, para impulsar o bloquear a las personas en la consecución de sus objetivos y metas.