Cuando Clara me invitó a probarlo me pareció una oportunidad fantástica para desafiar otro de mis muchos prejuicios. Siempre pensé en el sonido, dentro de un marco terapéutico, como un elemento coadyuvante o facilitador de estados de ánimo positivos, pero nunca imaginé que la increíble sensación de la vibración y el sonido penetrando en cada una de mis células, mezclándose con mi campo energético y desplazando todo el ruido que esa mañana llevaba en mi cabeza, fuera a ser una experiencia tan sanadora.
Nos encontramos en la puerta de Sonoras House, y tras darnos un abrazo que desmontó cualquier distancia terapéutica, atravesamos aquellas puertas rojas para entrar en un espacio con una energía y una calma sorprendente, teniendo en cuenta que estábamos en un local a pie de una de las concurridas calles del madrileño barrio de Chamberí.
Una luz tenue y acogedora que entraba por los ventanales del fondo nos dio la bienvenida insinuando en la penumbra algunos de los instrumentos más voluminosos entre los que destacaban un par de enormes gongs colgados de unos bastidores y un extraño instrumento que resultó ser un monocorde (instrumento musical de una sola cuerda y una gran caja de resonancia).
Clara me ofreció una infusión, y aunque yo estaba ansioso de entrar en harina, acepté gustoso. En esos días yo andaba leyendo y estudiando frenéticamente acerca de los sonidos binaurales, las frecuencias hertzianas de los diferentes sonidos y como estas afectan a nuestras células, nuestro campo energético y nuestros chakras. Estaba convencido que esa infusión sería la excusa perfecta para obtener más información y un punto de vista enriquecedor para mi búsqueda.
Sentados sobre el tatami, la extraordinaria sabiduría, la cercanía y maravillosa humanidad de Clara condujo la conversación por otros muchos y apasionantes derroteros. Por supuesto yo me dejé llevar porque enseguida intuí que la experiencia que estaba a punto de tener difícilmente se podría explicar con palabras. Hay cosas que solo se pueden entender a través de los sentidos.
Acabé mi infusión y Clara me invitó a acomodarme en una colchoneta estratégicamente ubicada en el centro de la sala, cerré los ojos y comenzó a envolverme de cientos de sonidos que parecían provenir de cualquier ángulo de la sala. Sentí como resonaban en el centro de mi cabeza, en mi pecho, mi pelvis y hasta en la punta de mis dedos. Una mezcla sobrecogedora de relajación e intensidad emocional recorrió cada rincón de mi cuerpo. Y al concluir, bienestar, serenidad, presencia, felicidad… y algo que me sorprendió mucho, Clara detectó con una precisión quirúrgica a través del sonido dos lesiones que arrastro desde hace bastante tiempo. Sencillamente impresionante.
Los baños de gongs y cuencos tibetanos son prácticas terapéuticas que han ganado popularidad en los últimos años debido a sus efectos relajantes y revitalizantes. Estos instrumentos ancestrales, originarios de Asia, son utilizados durante sesiones de meditación y terapias de sonido para promover el equilibrio, la armonía y la sanación en el cuerpo y la mente.
De hecho, desde tiempos inmemoriales, el sonido ha sido reconocido como una poderosa herramienta para inducir estados de relajación profunda y promover la curación. Los baños de gongs y cuencos tibetanos se basan en la idea de que cada ser humano está compuesto por un campo energético vibrante y que ciertos sonidos pueden restaurar o influir en este equilibrio energético. A través de vibraciones resonantes, estos instrumentos ayudan a disolver bloqueos emocionales y físicos, aliviando el estrés, la ansiedad y el desequilibrio.
Algunos de los beneficios para el cuerpo y la mente son:
1. Reducción del estrés, ya que generan tonos y frecuencias que estimulan el sistema nervioso parasimpático, responsable de inducir la relajación profunda. Al escuchar estos sonidos armónicos, el cuerpo libera endorfinas, reduciendo el estrés y promoviendo un estado de calma y paz interior.
2. Mejora del equilibrio emocional a través de las vibraciones que ayudan a desbloquear emociones atrapadas, liberando tensiones y promoviendo la conexión con nuestras emociones más profundas. Esto puede conducir a una mayor claridad mental, aliviar la depresión y la ansiedad, y mejorar el estado de ánimo en general.
3. Estimulación de la creatividad, despertando la imaginación y la creatividad, ya que el sonido vibrante y envolvente ayuda a despejar la mente y a abrir nuevas vías de pensamiento.
4. Mejora la calidad del sueño gracias a un efecto calmante y relajante en el sistema nervioso, lo que puede resultar en un sueño más reparador y profundo. Las sesiones antes de dormir pueden ayudar a calmar la mente y aliviar el insomnio, permitiendo un descanso reparador.
5. Alineación de los chakras, ya que se cree que los gongs y cuencos tibetanos emiten frecuencias que ayudan a restaurar el equilibrio de los chakras, los centros energéticos en nuestro cuerpo. Cada cuenco emite una frecuencia específica relacionada con un chakra determinado, de modo que la vibración y el sonido producido pueden ayudar a armonizar y equilibrar estos centros energéticos.
En conclusion, los baños de gongs y cuencos tibetanos son prácticas terapéuticas que ofrecen numerosos beneficios para el bienestar físico, mental y espiritual. Su capacidad para aliviar el estrés, mejorar el equilibrio emocional, estimular la creatividad y mejorar la calidad del sueño los convierten en herramientas poderosas para promover la sanación y la armonía en nuestras vidas. Si buscas una experiencia profunda de relajación y revitalización, los baños de gongs y cuencos tibetanos pueden ser una opción maravillosa para explorar.
Aquí os dejo la web de Sonoras House por si os apetece bichear un poco más sobre el tema. www.sonorashouse.com
Gracias Clara por una experiencia inolvidable.