Hace poco más de 50 años, EEUU se hallaba inmerso en un conflicto bélico incomprensible (como todos) para su sociedad y para el mundo entero. Una propaganda patriótica excelentemente diseñada le servía para alistar y enviar a casi 250000 jóvenes estadounidenses a Vietnam para combatir un comunismo tan demonizado como ajeno. Más de una quinta parte de estos soldados nunca regresó a casa, y más de 2,5 millones de personas perdieron la vida en esa guerra.
El por aquel entonces presidente Richard Nixon, se encontró con un incómodo movimiento contracultural hipy, que le dificultaba cada vez más la tarea de reclutar jóvenes dispuestos a matar y morir por su bandera. Esta contracultura promulgaba el amor, la paz e ideales que chocaban frontalmente con el capitalismo impuesto por el poder establecido, y además normalizaba y promovía el uso lúdico de una serie de moléculas o sustancias psicodélicas que se habían escapado de los laboratorios científicos, donde se estudiaban y aplicaban de forma experimental con prometedores resultados en el tratamiento de multitud de trastornos y patologías psiquiátricas y psicológicas.
Esto provocó que un buen número de moléculas, entre las cuales se encontraban la dietilamida del ácido lisérgico (lsd) o la psilocibina (molécula psicoactiva de los hongos psilocibios) pasaran a ser prohibidas, perseguidas e incluidas en la lista 1 de sustancias ilegales, alegando incorrectamente que se trataba de sustancias de escaso valor terapéutico, altamente adictivas y nocivas para la salud.
No fue hasta 30 años después cuando tímidamente se retomaron las investigaciones que actualmente están acreditando el extraordinario potencial terapéutico de estas medicinas como facilitadoras terapéuticas, y también para tratar con éxito la ansiedad persistente, depresiones resistentes a la farmacopea tradicional psiquiátrica, trastornos obsesivos compulsivos, adicciones, etc, constatando además un alto nivel de seguridad y nula adictividad.
En plena crisis de salud mental (el suicidio es la segunda causa de muerte en España y la primera en adolescentes) estamos obligados a reevaluar la eficacia de fármacos y tratamientos, y a valorar nuevas opciones con mayor efectividad y mejores resultados. No en vano, y siguiendo la estela de otros países en los que la psilocibina se ha regularizado para uso terapéutico, en España se encuentra actualmente en «fase 2» de estudio siendo administrada en varios hospitales a pacientes reales.
Pero, que es la psilocibina?
La psilocibina es la molécula psicoactiva de los hongos psilocibios, y su potencial terapéutico se apoya en una extraordinaria capacidad para disminuir las defensas psicológicas, permitir un mayor acceso al material subconsciente, facilitar la recapitulación de experiencias intensas o relevantes, producir catarsis, amplificar la relación terapéutica, aumentar la metaplasticidad (capacidad de nuestro cerebro para cambiar y adaptarse en ciertas situaciones), y generar neurogénesis y neuroplasticidad entre otros muchos beneficios.
Una forma de administración de la psilocibina que cada vez se está volviendo mas popular por su gran efectividad y la ausencia de efectos sobre la percepción son las microdosis, es decir, una dosificación muy pequeña (entre 0,17 y 0,4gr de hongo seco) cuyos efectos son sutiles y progresivos, y no produce los cambios perceptivos y sensoriales que suceden al consumir dosis más altas.
Las microdosis tienen un efecto nootropico, coadyuvante y facilitador para psicoterapia asistida o cualquier otro tipo de terapia psicológica o energética, aumentando la concentración, el foco, la atención, la memoria y la creatividad. Al seguir alguno de los protocolos de microdosificacion frecuentemente se siente una mejora sustancial del estado de ánimo, y permite un acceso gradual y sutil a la información del subconsciente, siendo frecuente también una mayor actividad onírica.
A pesar de que la mayoría de los estudios e investigaciones científicas se han centrado en las «dosis altas» y «dosis heroícas», empiezan a aparecer publicaciones con un alto nivel de evidencia y resultados muy prometedores respecto al uso de las microdosis. No obstante en Silicon Valley, cuna mundial del desarrollo de alta tecnología, la microdosificación con psilocibina es una práctica muy popular desde hace más de 20 años por su capacidad para desbloquear, potenciar y promover procesos creativos y de innovación.
Otro uso común que se está desarrollando actualmente es como facilitador y coadyuvante de procesos terapéuticos de salud e higiene mental, obteniendo excelentes resultados en el tratamiento de trastornos del estado de ánimo (episodios depresivos, apoyo en duelos, distimia, etc), trastorno de ansiedad generalizada persistente y episodios de estrés.
Por todo esto, y tras años acumulando conocimiento y experiencia terapéutica con la monitorización de protocolos de microdosificación de hongos psilocibios, podemos afirmar que se trata de una opción terapéutica a tener en cuenta y ojalá en un futuro próximo, una extraordinaria alternativa farmacológica.