En la década de los 60, el Dr. George Goodheart, DC quiropráctico estadounidense, descubríó que los músculos y órganos comparten los mismos canales de envío y recepción de información. Esta relación fisiológica nos permite evaluar la función de los órganos a través de sus músculos asociados. En esto se basa el test muscular con el que nació la kinesiología, y desde entonces, la disciplina se ha seguido enriqueciendo y diferenciando para desarrollar terapias que nos ayuden a encontrar la armonía entre cuerpo, mente y espíritu y dar solución a nuestro desequilibrio a través de la aplicación de técnicas y protocolos específicos.
Partiendo del hecho de que los seres humanos somos sistema holísticos tremendamente complejos compuestos por cuatro campos codependientes e íntimamente relacionados entre sí (el campo estructural, el químico-nutricional, el emocional y el energético), desde la kinesiología se entiende que una disfunción en uno de los campos que nos integran (o más de uno), desencadena un desajuste en el resto, lo que generara estados patológicos clínicos o subclínicos que acaban perjudicando la salud.
Por esto los test musculares son una herramienta de diagnóstico que nos permite averiguar el origen de los desequilibrios físicos, psicológicos y energéticos para posteriormente aplicar la mejor manera de tratarlos.
Para ello se sirven de las cadenas miofasciales, que son la unión sucesiva de músculos y fascias desde los pies hasta la cabeza cuya función es principalmente ayudarnos a mantener la postura, el equilibrio y a coordinar los movimientos. Observando y testando las reacciones de estas cadenas ante determinados estímulos externos podemos conocer con bastante precisión si algo nos afecta de forma negativa (un alimento, un lugar, una actividad, una persona, una situación…), ya que estas cadenas se acortan, y disminuyen su tono y tensión cuando perciben un estímulo estresante o una información incoherente. De esta forma, el terapeuta identifica que es lo que está provocando el estrés, para luego averiguar la mejor forma de devolver el equilibrio al cuerpo.
Desde una concepción estrictamente newtoniana cabría esperar que esta técnica de diagnóstico solo funcionase con estímulos y desordenes físicos (intolerancias o alergias alimentarias, enfermedades, lesiones, etc), pero nada mas lejos de la realidad, ya que si bien son nuestros músculos y cadenas miofasciales los que responden, lo hacen con precisión a cuestiones o estímulos relacionados con nuestras emociones, creencias, traumas y cualquier aspecto psicológico o energético.
Así, cuando una información o estímulo choca o contrasta con una creencia consciente o inconsciente, o cuando el estimulo produce estrés emocional o psicológico, las cadena se debilitan indicando a través de los test musculares que hay algo con lo que nuestro sistema de creencias o nuestro campo energético no están muy de acuerdo.
En la práctica clínica llevamos muchos años usando test musculares para identificar y confirmar aquellas ideas limitantes, autosabotajes, miedos y prejuicios que están impresos en nuestro sistema de creencias y que nos dificultan disfrutar de una vida plena, saludable y feliz.